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Animate a animar: una experiencia de animación en stop motion


Soy el papá de Lola de primer grado y somos una familia nueva en la escuela Proyecto Sur. Cuando me enteré de que estaban leyendo distintas versiones del cuento de Caperucita Roja, me pareció una excelente oportunidad para traducir esa producción con un lenguaje audiovisual. Fue entonces que les propuse a la dirección de la escuela hacer un corto animado.
Tuvimos varias charlas con Graciela y encontré una buena recepción desde el inicio. Entonces nos pusimos manos a la obra: decidimos trabajar con los chicos de primer grado.
Junto con Emilse, tuvimos una primera charla con los chicos para contarles la idea del proyecto y en particular, qué era la animación en stop motion. Les llevé varios ejemplos, y les llamó la atención un personaje en cartón articulado que había hecho. Fue a partir de ahí que decidimos hacer el corto con personajes en 2D, realizados en cartón, utilizando una cámara cenital (técnica de Cut Out).
El recorrido fue muy largo. Los pasos a seguir para llegar a la animación eran muchos y cómo primera instancia había que decidir qué íbamos a filmar. Las versiones de Caperucita Roja leídas durante la primera parte del año nos dieron una buena base para pensar nuestra propia versión. Emilse y los chicos analizaron qué elementos en común aparecían en todas las versiones y dónde estaban las diferencias. En algunos casos había roles invertidos –Caperucita era presentada como una niña mala y el lobo, su pobre víctima- o la muchacha llevaba una capa de otro color, incluso algunos escenarios cambiaban también: la historia transcurría en la ciudad, en el mar o en la nieve… A la luz de todos estos elementos, se pusieron a inventar su propia historia. Decidieron qué personajes intervendrían, cuál sería el conflicto y cómo se resolvería. Luego, los chicos dictaron colectivamente a la maestra un cuento nuevo, totalmente inventado por ellos a partir de sus lecturas y del trabajo en clase. Hubo que escribir, leer, reescribir y volver a leer, pensar cómo hacer para no repetir tantas palabras, corregir las zonas que no estaban del todo claras… de esta manera mientras los chicos producían una obra literaria breve, acorde a sus capacidades, también reflexionaban sobre cómo deben escribirse esos tipos de texto y qué normas hay que tener en cuenta, al mismo tiempo que aprendían que escribir lleva su tiempo y sus etapas.
Una vez que estuvo terminado el cuento, elegimos quienes leerían cada escena. Entonces llevamos a los cuatro “locutores” al estudio de grabación de la escuela de Música Tamaba. Allí los chicos vivieron por primera vez la experiencia de grabar sus voces en un estudio: hubo que hacer silencio, esperar las indicaciones del personal técnico, hacer varias tomas hasta lograr el mejor resultado posible.
La idea era hacer un corto en stop motion (animación cuadro a cuadro) del modo más “profesional posible”. No era lo mismo grabar y tomar fotos con un celular, así que pusimos la mayor atención y el equipamiento disponible en cada fase del proyecto.
Ana, la maestra, fue una persona clave de todo el proceso, ya que tuvo a su cargo coordinar la producción de los personajes y las escenografías en el aula con los chicos.
Todo fue muy participativo: todos los chicos dibujaron a los cuatro personajes de la historia, y luego, entre ellos, eligieron a quienes los desarrollarían. También pintaron entre todos la escenografía, aquel bosque tan colorido y alegre que recrearon para que Caperucita se paseara con su canastita llena de ‘sanguchitos’…
Una vez que tuvimos los cuatro personajes –Caperucita, el leñador, la loba y la abuelita- , con Myriam, que se sumó como asistente de dirección, los escaneamos, recortamos y articulamos.
Ya estaban listos para entrar en escena. Armamos el set en la escuela, y en grupos de seis, con la ayuda de Myriam y Emilse, cada uno de los niños pasó por distintos roles: animar los personajes, hacer fotos y videos para el back stage, encargarse de la computadora para la captura de la imagen y…tener paciencia hasta el turno de animar. Tuvimos varias y largas sesiones de rodaje.
Por último, con Camilo nos encargamos de la edición, haciendo el montaje con las fotos disponibles y el audio de los chicos.
En suma, fue una experiencia muy rica para todos. Animar en stop motion implica tener paciencia, controlar movimientos, imaginarse trayectorias, descomponer un movimiento para luego armarlo frente a la cámara. Y lo logramos. Todos aprendimos y disfrutamos haciendo Caperucita Multicolor y eso, creo, se nota en el resultado.
Gustavo Ponce
(papá de Lola Ponce, de 1er grado)

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